Mañana del 31 de Diciembre. Último día del 2013. Ese día habían de pasarlo genial, tanto como para no poderlo olvidar nunca. Había cierto nerviosismo. Esa noche debía ser especial, aunque para las Topis ya lo era solo porque One Direction estaría con ellas.
Harry había ido de buena mañana a casa de Aroa, antes de que ella despertara. Tenía una conversación pendiente con su madre.
-Gracias por confiar en mí, de verdad, nadie cuidará de su hija como yo...
-¡No me trates de usted!
-Ay perdona...
-Bueno, solo te pido que no hagáis tonterías, y que es joven. Ten en cuenta que es mucho menor que tú y que quizá tú estés ya más adelantado y...
Aroa se despertó. Acostada, podía escuchar cómo su madre estaba conversando con alguien. No sabía muy bien si era por teléfono o en persona. Su padre no era, ya que ese día no estaba en casa, y su hermana probablemente estaba durmiendo. Solo eran las 7:00 de la mañana. ¿Quién era? Su madre paró de hablar por un instante y empezó a hablar otra persona. Aquella voz era fácilmente reconocible, ese tono solo podía ser de un chico: Harry. ¿Qué hacía él a esas horas en su casa y hablando con su madre? Se levantó, se miró al espejo. Su aspecto era horroroso: ojeras más notables de lo normal, pelo estropajo y una cara de dormida increíble. No le importó, o bueno... sí, pero aún así quería averiguar qué hacía el joven allí.
-...no tienes que preocuparte de nada. Solo será una noche...
Harry escuchó que alguien abría la puerta de la cocina. Se giró, pues estaba de espaldas a ésta. Sorprendentemente, la chica de la que estaban hablando apareció. Notó por su cara que se acababa de levantar. Aún así, la encontró guapísima. Su naturalidad le enamoraba. Hasta él mismo notó que su cara cambió cuando la chica apareció. Le gustaba tanto...
-Buenos días...-dijo ella.
-Hola cariño...-contestó la madre.
-Buenos días Aroa-dijo él, acercándose a ella y dándole un beso en la mejilla.
-¿Qué haces tú aquí? ¿Y por qué hablas con mi madre?
-Me enteré de que trabajaba en una panadería y quería que me explicara cómo hacen en Londres el pan...-se inventó rápidamente ella.
-Sí...-asintió Harry.
Aroa no se lo podía creer... Aquello le extrañaba y al mismo tiempo no le gustaba. Harry era suyo, o algo así... aún no estaba definido... y no le convencía aquello de que él conversara con su madre y tuvieran ya tanta confianza.
-Bueno, pero ya me iba...-dijo él.
-Ah...
-Bueno, me voy a tender ropa. Ya os dejo solos...
La madre salió de la cocina y los dos chicos se quedaron solos.
-¿De verdad has venido para ver a mi madre?
-Sí, pero tranquila que a mi la que me gusta de la familia eres tú...-le dijo él.
Se acercó a ella, le cogió de la cintura y pegó su cuerpo al suyo. Sus caras prácticamente chocaron.
-Bueno, no sé si creerte después de la fama que tienes con las mujeres mayores...-bromeó ella.
Harry rió. Sus hoyitos aparecieron. Se besaron.
-Ahora sí son buenos días...-concluyó él, besándola de nuevo.
-¿No te ibas?
-Ya que me echas...
Ella rió. Los dos se dirigieron hacia la puerta de la casa para despedirse. Él salió de la casa y ella se quedó dentro, apontocando su cabeza en la puerta.
-Nos vemos esta noche-le dijo él.
Aroa sonrió.
-Claro.
-¿De qué color irás?
A la chica le sorprendió la pregunta.
-De color salmón, ¿por qué?
-Tendré que llevar mi pajarita del mismo color, ¿o no?
-Venga va, míster cursi, hasta esta noche...
Cerró la puerta. Aquella despedida le recordó a la última con Louis. Estuvo a punto de decirle un "hasta luego", pero pensó que aquello solo debía decirlo con su mejor amigo. Después de aquel recuerdo, pensó en si él pensaba en ella tanto como ella en él. Gracias a Harry había momentos del día en que se olvidaba del joven, pero en cuanto estaba sola, volvía a recordar a su amigo. Realmente no sabía qué estaba haciendo con Harry. No sabía si realmente él le gustaba, pero le hacía sentir bien y especial. Lo suyo era un triángulo amoroso en toda regla. Entonces pensó en que esa noche vería a Louis de nuevo. Tras un día sin saber nada de él volvería a verle. Por una parte no quería que llegara el momento, pues no sabía cómo debía actuar con él, y también porque temía que sus sentimientos volvieran, pero por otra parte deseaba verle. Con él si que no tenía dudas: le gustaba mucho.
Aroa se dirigió a su habitación y volvió a dormirse. Debía descansar para poder alargar aquella noche de fiesta que le esperaba todo lo que pudiera.
Martina bajaba unas largas escaleras de aquel palacio increíble. Llevaba un vestido larguísimo rosa palo, un ligero maquillaje y un recogido que le hacía aún más elegante. Al bajar cada escalón, dejaba ver unos tacones negros. Eran los Loubutin que él le había regalado hacía poco. Aquella escalera no parecía acabar nunca. Él estaba abajo, en traje, esperando a su chica. Hacía muy poco que salían, pero le gustaba mucho. Estaba preciosa. Finalmente, llegó abajo del todo. Llevándose una sorpresa, justo cuando iba a cogerle de la mano, se adelantó otro chico que iba de traje también. Era bajito, con pelo corto. La cogía de la cintura y se la llevaba besándola. Era Josh. ¡Le había robado a su novia! ¿Y ella qué hacía con él? Había sido como si no hubiera visto a Zayn... Ambos cogían un taxi y se subían. Ella sonreía, parecía feliz. De repente abrió los ojos. Zayn respiró profundamente al comprobar que todo había sido un sueño. Hacía tiempo que no lo pasaba tan mal durmiendo. Se levantó, se dirigió hacia el baño, se lavó un poco la cara y volvió a dormirse, sin poder evitar sentir un poco de miedo por si el sueño continuaba.

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