Eran las 14:00 cuando Mara esperaba a que Liam llegara. Normalmente era ella la que llegaba tarde, pero ese día fue al revés. Tuvo que esperar unos quince minutos, pero la espera valió la pena cuando vio a su chico acercarse hacia donde estaba ella. Llevaba la camiseta blanca con mangas rojas largas que a ella tanto le gustaba. Estaba especialmente guapo. El pelo se lo había puesto como lo llevó el día que grabaron el vídeo de "Live while we are young". Mara intentaba no mostrar a su novio lo contenta que esta de verle aparecer, pero a cada paso que daba su sonrisa aumentaba un milímetro más. No pudo contenerse, se levantó y le abrazó.
-Hola fea-le dijo él mientras se abrazaron.
-Que guapo vienes hoy, no estoy a tu altura...
-Que va, estás guapísima.
Se besaron y se sentaron.
Mientras tanto, Louis recogía las pizzas de un restaurante cerca de casa de Aroa. Sentía que algo estaba haciendo mal, y por suerte o por desgracia sabía el qué. Por un lado sabía que quedar todos los días con su amiga a escondidas de Eleanor, que pensaba que estaban todos juntos, no estaba bien, y más cuando estaba empezando a sentirse atraído por ella, pero por otro lado aquello no era serle infiel, pues de los abrazos y los besos en la mejilla no habían pasado. Quizá se estaba dejando llevar mucho, pero era un chico impulsivo y hacía las cosas sin pensar en las consecuencias. A lo mejor era el momento de empezar a cambiar si quería conservar a su novia.
Pensando en esas cosas, llegó a la casa de Aroa. Tocó al telefonillo del tercer piso.
-¿Si?
Que bien sonaba su voz...
-Hello, have you asked for a pizza?
-Yes...
-So here's your pizza with a different ingredient: a Tommo.
Aroa sonrió al otro lado del telefonillo y le abrió. No le respondió porque no estaba a la altura del inglés de su mejor amigo. Le encantaba cuando le hablaba en su idioma. Le resultaba sexy y le daba rabia que no lo hiciera más a menudo.
Louis subió las escaleras de dos en dos. Tenía ganas de verla. Parecía haber pasado mucho tiempo sin verla y sin embargo solo habían pasado unas horas. Aroa fue a mirarle por la mirilla de la puerta. Ahí estaba, subiendo de dos en dos los escalones. Con camiseta negra con letras blancas que decían "Killers", unos vaqueros oscuros repegados y remangados por los tobillos y sus vans negras. Llevaba pipo gris y la barba la llevaba crecidita. Perfecto para Aroa.
Louis tocó al timbre, y Aroa, que se había quedado embobada mirando el estilismo de su mejor amigo, se asustó. Al darse cuenta, le abrió y le recibió con una gran sonrisa.
-¡Hola!-le saludó ella.
-¡Hola!-exclamó él.
Aroa normalmente llevaba el pelo ondulado, pero ese día se lo había planchado. A Louis le gustaba mucho como le quedaba. La notaba distinta y en consecuencia más guapa aún. Además los ojos le brillaban más que de costumbre, los mofletes los tenía bastante colorados y los labios que se había pintado rojos le quedaban muy sexys. Iba vestida informal, pero tenía algo especial ese día.
-Hoy estás especialmente guapa...-admitió Louis.
Las mejillas de Aroa se pusieron aún más rojas.
-Gracias...
-Pero no te pongas roja, tonta...
-¡Oye!-le replicó ella, pegándole un golpe en el hombro.
-¿Qué? ¿Comemos?
-Vale, ¿dónde prefieres?
-¿En tu habitación?-sugirió el joven.
-Oké.
Lejos de allí, Josh y Martina disfrutaban cada uno de su menú de McDonalds.
Bromeaban, reían y se picaban, como de costumbre. Martina de vez en cuando le robaba una patata frita al chico, que después hacía lo mismo sin que ella se diera cuenta.
-¡Eh! Esta vez te he pillado, listillo...-le dijo ella.
-¿De qué me hablas?-bromeó él.
Martina le sacó la lengua y siguió comiendo su hamburguesa. Al darle el bocado y empezar a masticar, notó que Josh se reía de ella.
-¿Qué? ¿Tengo algo?
-Si, mayonesa...-dijo él mientras no paraba de reír.
Ella cogió una servilleta y se limpió la boca.
-¿Ya?
-No.
Repitió el gesto.
-¿Ahora?
-Tampoco...
Josh se levantó de su silla, se acercó a la chica, sacó su lengua y le quitó la mayonesa que tenía en la punta de la nariz.
-Ya.
-Ese es un truco muy viejo... Además no me habías dicho que la tenía en la nariz...
-Ah, perdona... Ya no lo hago más...
Ella rió.
-¿Postre?
-Uf, que va... Estoy llenísima.
Reinó el silencio.
-¿Puedo preguntarte algo?-le dijo ella.
-Adelante.
-¿Te gusto?
Él se quedó de piedra cuando Martina le preguntó eso. No esperaba que le pidiera algo así y en ese local.

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