viernes, 1 de febrero de 2013

Capítulo 6: Más despedidas.

Louis bajaba las escaleras evitando los pensamientos que le obligaban a volver a subirlas y estar con Aroa aunque fuera un minuto más. Yendo hacia el mcdonalds para reunirse de nuevo con sus amigos, se encontró con una chica que le resultaba familiar.

Martina subía la empinada cuesta para ir a casa de Aroa, cuando se topó con un chico con pipo rosa, ese pipo rosa...Ese mechón de pelo marrón...Le sonaba, y mucho. Cuando cruzó la mirada con él, sonrió y le saludó.

-¿Louis?

-¿Mar...?

-...Tina.

-Eso, lo siento, me he bloqueado-se disculpó Louis.

-No pasa nada, es normal...¿Pero que haces tu por aquí?

-¿No sabías que estábamos en Mallorca?

-Si, pero no sabía que os habíais pasado a ver...Bueno...¿A quién has venido a ver?-le preguntó ella.

-A Aroa.

-Ah...

-Bueno, te dejo, que tengo que ir con el resto de los chicos.

-Podríais habernos avisado y habríamos quedado todos juntos, como antes...-le replicó Martina.

-Ya, pero sabemos que las cosas no están como para hacerlo...-le contestó él.

-Ya, bueno, a eso voy...

-¿Cómo?

-Voy a hablar con Aroa...¿Crees que ella querrá hablar conmigo?

-Está deseando hacerlo...-le contestó el joven.

-Bueno, no te entretengo más, me ha gustado mucho haberte visto, manda besos al resto de mi parte.

Se dieron dos besos de despedida.

-Ojalá para la próxima vez que vengamos esté todo bien, que era genial cuando estábamos todos juntos...-le dijo Louis.

-Tienes razón...Volved pronto y suerte con la banda...

Se despidieron, Martina siguió hacia su destino y Louis hizo lo mismo. Se alegraba de que ella hubiera dado el paso, así Aroa se sentiría mejor, después de haberse tenido que quedar llorando en casa porque se habían tenido que decir ese "hasta pronto", y lo olvidaría durante unos minutos.

-Amor, tengo que irme ya con los chicos, en una hora tenemos que estar en el aeropuerto...-advirtió Liam a Mara.

-¿Me vas a dejar solita?

Mara hizo pucheritos a Liam, éste se rió y la besó.

-Tenía que llegar el momento...-le contestó él.

-Pero podemos atrasarlo...

-Ya, pero me matarían.

-No quiero que te vayas, parece como si hubiéramos pasado solo unos minutos juntos...

-Pues nos hemos comido cinco helados...-bromeó Liam.

-Tonto.

-Y rarito, no lo olvides...

Mara le besó. 

-Te quiero.

-Me too.

Se miraban el uno al otro, dejando ver que no querían separarse, pero no podían evitarlo. 

-No soporto esto...-le dijo ella.

-Va, salgamos fuera...

Al salir, miles de fotógrafos empezaron a sacarles fotos, a hacer preguntas incómodas a Liam como: "¿Is she your girlfriend? ¿Have you missed Danielle? ¿Who is? ¿How old is she? ¿Have you travelled to Spain to see this girl? ¿What's her name?", a tocar a Mara y al chico, a perseguirles y a grabarles. Ella se agobió enseguida e hizo un gesto a Liam dándole a entender que no aguantaba a tanto fotógrafo encima de ellos. Liam se lamentó. Ambos se dirigieron a la casa de la Topi y entraron. Los paparazzis no dejaron de perseguirles hasta la puerta.

-Dios...¿Cómo puedes soportarles?-le preguntó ella nada más entrar.

-Y cada día...

Cocó bajó al piso de abajo.

-¡Liam! ¿Qué tal?

-Hola Cocó...Gracias por ayudar con la sorpresa...-le dijo él.

-Ah, ¿Lo sabías?

Cocó hizo un gesto que confirmó la sospecha de la hermana menor.

-Que malos...

-Bueno, tengo que llamar a los chicos para que me recojan con el coche...Es imposible ahora salir de aquí...-explicó Liam.

-Los he escuchado yo desde arriba...Ahora llamo a...

-Llama a Nial...-le interrumpió Liam.

Cocó se extrañó.

-Vale, bueno, seguid vosotros a lo vuestro, yo ya me subo...-concluyó la hermana mayor.

Cocó subió a su habitación. Se tumbó en la cama y cogió su móvil. Última conexión de Niall: 21:00, hacía dos minutos. Empezó a pensar en él, en su pelo medio rubio medio negro, en sus ojos azules que tanto le gustaba que le miraran, en su imperfecta y graciosa nariz, en su perfecta sonrisa de irlandés, en las manos que tanto había tocado, en el pecho donde había dormido a veces la siesta, en el perfume que desprendía su ropa, en esas supras que tanto le había costado asimilar que nunca se quitaría... No podía recaer, no, ahora no. Lo cierto es que saber que estaba a pocas calles de donde estaba ella, provocaba que en su estómago se revolviera algo.



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