Al llegar a la puerta, vio que un chico bajaba de un taxi. ¡Era Liam! Los dos amigos se abrazaron durante un rato y se dieron dos besos.
-Me alegro muchísimo de volver a verte Liam...-le dijo ella.
-Y yo a ti Aroa, ¿Traes el regalo?
-Claro, bueno, ya no hace falta que pase, ten.
Aroa sacó de su bolso un primer regalo, que tenía forma rectangular y no era muy ancho, y después un segundo, que era un poco más abultado, y al cogerlo se notaba que era alguna prenda de vestir.
-Y este para ti...-le dijo Aroa.
Sacó un tercer regalo, más grande que los otros dos.
-¿Y esto? No deberías haberme regalado nada Aroa...
-Me apetecía, gracias por todo...
Los dos se volvieron a abrazar, y después Liam abrió el regalo con ganas. Era un muñeco de Woody.
-Es solo un detalle...
-Me encanta, ¡Muchas gracias!
-Venga, no te entretengo más que seguro que estás deseando de perderme de vista y ver a tu chica...
-Que va...
-Va, que ella también lo estará deseando.
-Adiós Aroa, no olvides llamar a Louis.
-¡Que si pesado! Por cierto, feliz Navidad...
-Feliz Navidad.
Se dieron dos besos, Aroa volvió a casa y Liam tocó al timbre de la casa.
Mara, que estaba acabando de recoger su habitación, fue a abrir la puerta.
-¡Voy yo!-exclamó.
Bajó las escaleras lo más rápido que pudo, corrió hacia la puerta, cruzó el jardín y abrió la puerta que le separaba de su chico. Ahí estaba, con un ramo de rosas rojas, monísimo, precioso, sexy, perfecto.
Se abrazaron y se besaron como nunca antes lo habían hecho. Aún no se habían dicho nada, pero los hechos hablaban por sí solos.
-Que guapo estás...-dijo finalmente Mara.
-Tu estás preciosa, ven aquí...
Liam cogió una de las rosas del ramo y se la puso en el pelo.
-Aún mejor...
E inmediatamente después la cogió y la llevó a caballito hasta la habitación de la joven, no sin antes saludar a su madre y desearle una feliz Navidad. La soltó en la cama y se puso sobre ella. Mara puso el ramo en el escritorio. Le apartó su melena de la cara, la acarició, le empezó a dar pequeños mordiscos en los labios y la besó. Ella sentía su cuerpo arder, y antes de que pudiera pasar nada más, se separó de él, bajó de la cama y empezó a buscar algo entre sus cajones.
-¿Qué ocurre?-le preguntó él.
-¡Quiero que veas tu regalo ya!-exclamó Mara.
-Ah, ¿Que mi regalo no eras tu?
-A parte...
Lo encontró finalmente y se lo entregó.
-Espera, aquí está uno de tus regalos-le dijo Liam.
-¿Lo abrimos a la vez?
-Venga.
-¡Uno, dos y tres!-gritó la joven.
Liam se quedó sorprendido. Mara también, y le puso triste ver que el regalo de su chico era mucho mejor que el de ella.
-¿No te ha gustado cariño?
-No, no es eso...Es que...Mi regalo es un asco al lado del tuyo...
-¿Bromeas? Es el mejor regalo que me han hecho nunca-le dijo él-¿Me lo pones?
Mara sonrió. Liam se puso de espaldas en la cama sentado, ella se puso de pie sobre ella, justo detrás de ella. Le quitó la chaqueta que llevaba, después se puso delante de él y le quitó poco a poco la camiseta, dejando ver el pecho de Liam.
-Guapo.
-¿Te gusto más sin camiseta?
Mara sonrojó y no se atrevió a contestarle. Seguidamente, le colocó el jersey que le había hecho.
-No sé cómo te gusto más, pero este jersey de Batman hecho por ti es perfecto.
-Me gustas de todas las maneras.
Los dos se besaron.
-Tu regalo parte a las 22:00, así que más te vale coger todo lo que necesitas que nos vamos ya...
-¿Hace frío en París ahora?-le preguntó la chica.
-Está nevando, ¿Eso contesta a tu pregunta?
Mara y Liam bajaron, y fueron a despedirse de la madre de ella, que les deseó un buen viaje.
-Y cuidado con lo que hacéis...
-Ay mamá, no empieces...-se quejó Mara.
-Te quiero cariño-le dijo a su hija-y cuídamela mucho-le dijo a Liam.
-No se preocupe, conmigo estará muy bien. Solo son dos días.
-Disfrutad...
Liam y Mara se fueron, mientras la madre observaba lo mayor que parecía su hija al lado de él. Le parecía increíble cómo había logrado cumplir su sueño, ella solita, sin la ayuda de nadie, y cómo había conseguido enamorar al chico que la tenía enamorada. Su hija era algo inexplicable, y se sentía muy orgullosa de ella, aunque a veces le inquietara que Liam fuera cinco años mayor que su hija. Sabía que era un buen chico y que sabría cuidar de ella. No podía pedir más.
Aroa estaba en casa, esperando ansiosa a que Liam llegara a París y le diera el regalo a Louis. Esperaba que como mínimo él esperar impaciente a que ella diera señales de vida, y que en algún momento del día hubiera pensado en ella y en que aún no le había felicitado.
23:00. Liam y Mara bajaban del avión y ya se dirigían hacia el hotel. El chico le había explicado por el camino que tenía que entregarle el regalo a Louis antes de que se acabara su cumpleaños, y que para ello deberían correr mucho. Para eso, contaba con una hora.
En el hotel, Niall triste, desesperado, frustrado. Cocó había leído su mensaje pero no había contestado nada. No se había dignado ni a decirle gracias, o cualquier cosa, aunque fuera alguna muestra de rechazo, y pensó en que lo había fastidiado todo. Debía olvidarse de ella ya, y decidió que esa noche saldría, se emborracharía y se liaría con cientos de chicas. Era lo que solía hacer cuando algo le salía mal, y al día siguiente empezaría a no pensar en ella. Le costara lo que le costara pensaba conseguirlo.
23:45. Louis estaba tumbado en su cama, tenía sueño, pero tenía una mínima esperanza de que Aroa le mandara un mensaje por WhatsApp, que se acordara en un último momento de que su mejor amigo ese día cumplía 22 años. No recordaba ningún momento en su vida en el que hubiera estado tan triste y decepcionado por algo relacionado con un amigo. Pensando en Aroa, se durmió. A los cinco minutos, Liam tocó a la puerta, pero éste no lo escuchó.
-Joder, ¡No tengo la llave Mara!
-¿Qué hacemos ahora?
23:55. El tiempo se agotaba.

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