Ahora se encontraban en la Torre Eiffel. En todo lo alto ambos miraban todo París, cubierto bajo una capa de nieve. Desde allí todo se veía mejor, grande, maravilloso, espectacular. Mara observaba la catedral de Notredame, Liam a su chica.
-¿Qué?-le preguntó ella.
-Desde aquí todo se ve más bello, ¿Verdad?
-¿Es la primera vez que subes?
-Si, ¿Y tu?
-No, ya había venido con mis padres y mi hermana...
Pero no lo recordaba tan bonito. ¿La compañía? Podía ser, pero Mara esa vez disfrutaba de las vistas, respiraba el aire parisino y se sentía la adolescente más feliz del mundo.
-Pero no es la primera vez que vienes a París...-le dijo ella.
-Ya.
-¿Entonces? La Torre Eiffel es lo que siempre se visita cuando recorres París...
-Lo sé, pero quería subir con alguien especial-confesó Liam.
Mara se quedó mirando a su chico y lo besó con pasión. Ambos se abrazaron, y juntos, de nuevo, durante un rato disfrutaron de las vistas.
-Gracias por todo, amor-le dijo ella.
-Gracias a ti por haber hecho lo imposible por conocerme.
Se emocionó. Mara no pudo contener las lágrimas y empezó a llorar. Aquello era perfectamente perfecto. El frío, la nieve, París, el amor. Se sentía muy afortunada, y tenía miedo de perder aquello algún día.
-Eh, ¿Qué ocurre?-le dijo Liam.
-Nada, solo que es demasiado para una chica como yo...
-¿Por qué?
-Porque si, tu, el viaje...Todo. Es que ni en mis mejores sueños esto me correspondía.
-Pues mira si eres grande que lo has conseguido.
-Te quiero Liam, no quiero que nunca nos separemos.
-Ni yo, te juro que si algún día pasa, no será por mi.
-Ni por mi...
-Entonces, no tengas miedo de que esto acabe, porque no acabará nunca.
-Te amo.
-Me too.
Mara acarició el pelo de Liam, él la abrazó y se volvieron a besar. Empezaba a hacer más frío y estar al aire libre comenzaba a ser un reto.
-¿Un chocolate caliente con un cruasán?-le preguntó ella.
-Deseándolo estoy.
Se cogieron de la mano y bajaron corriendo como dos niños las escaleras de la Torre Eiffel. Esos minutos allí arriba habían sido los mejores que había pasado nunca Mara.
Louis, al no encontrar a los demás, decidió volver al hotel. En ese momento caminaba por al lado del río Sena. Observaba los pequeños comercios cercanos, mientras escuchaba la armonía de un hombre que tocaba el acordeón cerca de donde él se encontraba. Era una canción melancólica, o al menos Louis la percibió como tal. Se acordó de Aroa, y le apeteció tener un detalle con ella. Después de la noche anterior, estaba claro que él le debía una. Así que cogió un taxi y se dirigió hacia el principal centro de París: Galerías Lafayette, que destaca por sus delicados perfumes.
Al entrar, Louis se quedó fascinado. Aquel centro estaba compuesto por una enorme cúpula de cristal, era enorme, sofisticado y era un paraíso para cualquier persona que entendiera de perfumes. Pensó que si algún día tenía la oportunidad de volver a París de nuevo con Eleanor, la llevaría allí. Era un sitio ideal para llevar a una persona especial. Pero en este caso, el perfume iba a ser para Aroa. Algo que ni él mismo entendía, pero tenía ganas de regalárselo a ella, no a otra persona.
Un poco lejos de allí, estaban Niall, Harry y Zayn.
-Chicos, son las cinco, ¿Algo de comer?-preguntó el rubio.
-¿Qué propones?-le contestó Harry.
-Me he informado bastante, y recomiendan comer en Maxim's.
-¿Qué hay allí?-preguntó Zayn.
-Comida francesa de calidad, ¿Os apetece?
-Venga-se animó Harry.
El trío se dirigió hacia allí.

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